Nadie parece poder parar la ola delictiva que maneja al "toro por las astas" y hace de la ciudad un delicioso banquete para los ladrones. Pero debemos comprender que para poder parar el vandalismo, no se necesitan más policías, sino medidas de inclusión y de igualdad entre las personas.
El delincuente ingresa armado, se lleva el dinero y sale caminando como si nada hubiese pasado. A los diez minutos llega la policía, toma declaraciones, pide que por favor radiquen la denuncia en la comisaría más cercana, y todo queda ahí. La causa nadie la investiga, al ladrón nadie lo agarra. Con el tiempo vuelve a cometer otro delito, y otra vez lo mismo. Así estamos hoy en día viviendo los habitantes de La Plata.
Todos nos quejamos por los robos. Pero desde el Estado no se hace nada para pararlos. Se mandan nuevos policías a todos los distritos, como sin con ellos se pudiese mermar los delitos. Nada de eso ocurre, parece que por el contrario, a más policías, más robos.
"Son las reglas del juego", dicen algunos comerciantes, resignándose a ser robados por mantener las puertas abiertas del local. Pero ya nada detiene a los ladrones, roban hasta delante de los uniformados y no pasa nada.
Se escapan caminando o en bicicleta y los cien mil nuevos autos de la PB2 no pueden atraparlos. Todo parece una broma.
Pero debemos comprender que mientras el Estado no inicie medidas para educar a la sociedad y de esta forma poder terminar con gran parte de los delitos que viene dados por la falta de capacitación de los jóvenes, la falta de empleo, la falta de un futuro para los menores, quienes no tienen un ejemplo de vida y caen en la droga, los robos y la violencia, esto no va a parar, sino todo lo contrario se va a agravar cada vez más. Los jóvenes ven a la vida como un pasaje obligatorio, no les interesa ir a la cárcel, ni matar por dos pesos; ellos viven el presente sin ver el futuro porque se lo quitaron cuando nacieron.
Muchos crecieron en casas que vivían en la extrema pobreza, otros conviven con padres alcohólicos, drogadictos o ladrones. Seguramente ninguno de los delincuentes nació en un hogar que no haya tenido problemas de convivencia. Pero ojo, esto no quiere decir que todos los hogares con problemas de convivencia devengan en un hijo ladrón, quiere decir que seguramente todos los jóvenes que se ven hoy robando, han tenido una infancia complicada. Atravesada por problemas familiares, que los dejaron marcados por el resto de sus vidas.
Ya nadie parece poder hacer algo. Los funcionarios cambian; la seguridad cambia; pero así y todo, los robos siguen. Cada vez son más, o al menos se comunican más. Pero si se comunican mas es para prevenir, para intentar abrir los ojos, no para que el local asaltado salga en todos los diarios y radios; se comunica buscando una solución, buscando un final para todo este embrollo, que por lo que demuestran los políticos no va a acabar de un día para el otro, ni de un año a otro, ni de una vida a otra. Más teniendo en cuenta que muchos se niegan a ver en este problema algo mayor, y aseguran que se trata de algo menor. Como si el robo no estuviese conectado directamente con los demás problemas sociales que desde este gobierno no se les buscan solución.
La droga, la violencia, los suicidios, los secuestros, el desempleo, la pobreza, las villas miseria, la exclusión, el hacinamiento en las cárceles, la falta de educación, la deserción escolar, la discriminación, la xenofobia, el racismo, todo tiene que ver con todo, y a su vez todo viene dado a partir de una sola cosa: las diferencias sociales.
Mientras no comprendamos que para que todos estos problemas paren, antes tenemos que hacer de esta sociedad, un lugar más justo, más equitativo y más democrático, no vamos a poder terminar con ninguno de estos problemas por separados, es decir o acabamos con todos o no acabamos con ninguno.