Es del barrio Hipódromo, pero se mueve en el centro
No llega al metro setenta, es morocho, tiene la tez trigueña, el pelo ondulado, los ojos negros. Le gusta jactarse de un compinche que no tiene. Tiene, creen, 16 años. Y suele andar solo por clubes y boliches de La Plata.
Tiene un nombre, claro, pero los medios y la gente lo conocen (sin conocerlo) como el hombre araña. Es el terror de las mujeres que viven solas en edificios. De los hombres también. Y, sobre todo, el último dolor de cabeza de los jefes policiales de la ciudad.
“Déjense de joder con el hombre araña”, disparó un vocero de la fuerza días atrás, sin ocultar su malestar frente a las reiteradas consultas periodísticas sobre el tema, aunque aclarando que lo que lo irritaba no era la pregunta, sino que “se le adjudiquen todos los hechos al mismo tipo”. Es que, según dijo, “no está probado que sea así”.
Ojalá que eso no suceda, oficialmente, cuando lo capturen, cosa que parece -sólo- cuestión de tiempo.
Pasando en limpio. Aunque los hombres de la DDI mantengan absoluta reserva sobre el sospechoso, se sabe que tienen buena y mucha información sobre él.
El problema es que el pibe parece tan ágil para trepar por los balcones como para escabullirse de la policía, lo que explica que tantos grupos operativos abocados a encontrarlo no lo logren.
Con la información de los golpes que se le atribuyen, los investigadores trazaron una suerte de cuadrícula por donde suele moverse el acusado, aunque le prestan especial atención a la zona de la que sería oriundo y donde tiene varios amigos: el barrio Hipódromo, confiaron fuentes con acceso a la causa. Lo que no está claro, al menos en cuanto a la información que circula de este caso, es la cantidad certera de hechos que habría cometido el llamado hombre araña.
Extraoficialmente, se habla de, al menos, 5 ataques sexuales consumados, dos frustrados, y una docena de robos con escalamiento en el último año.
Un alto jefe policial confirmó que en las violaciones el agresor no utilizó profiláctico, ni tomó otro tipo de recaudo, por lo que disponen muestras de semen factibles de cotejo extraídas de las víctimas que se atrevieron a denunciarlo.
¿Hay más? “Seguramente, siempre hay más”, analizó la misma fuente.
Comparando las historias que se hicieron públicas puede deducirse que el atacante se mueve en el casco urbano, elige edificios modernos y en los que viven muchos estudiantes, y rara vez llega más allá del cuarto piso.
No usa máscara, ni guantes, ni armas de fuego. Sí cuchillos. Le gusta tomar fotos y llevarse celulares de la escena. El domingo de la semana pasada se escapó del instituto de 71, 115 y 116. La policía sabe mucho de él. Ahora resta que lo atrapen.