Daniel Scioli le sumó en los últimos días una serie de encuentros de alto perfil
El lunes fue el momento de reunirse con el Consejo provincial del PJ. Hasta allí se acercaron distintas vertientes del kirchnerismo, desde peronistas ortodoxos hasta progresistas del Frente para la Victoria.
Ese día se empezó a esbozar una idea que fue desarrollada con más profundidad el jueves, en un encuentro que el vicepresidente mantuvo en su despacho con Alberto Balestrini y José Díaz Bancalari: trabajar para lograr un armado conjunto de las listas electorales en respaldo a la candidatura de Scioli.
Todas estas señales parecen indicar que el vicepresidente no tendrá mayores inconvenientes internos en el período preelectoral, y que como candidato ungido por el presidente Néstor Kirchner podrá capitalizar el respaldo de sectores que no siempre están dispuestos a marchar juntos.
Felipe Solá puede dar fe de ello, y de hecho lo hizo cuando se reunió el miércoles en la Cámara de Diputados con Scioli, Balestrini y Díaz Bancalari. Y el tema dejó preocupado a su posible sucesor. Porque así como la articulación política evoluciona sin inconvenientes, Scioli mantiene ciertos reparos en el plano económico.
La brusca salida del ministro de Economía, Gerardo Otero fue la emergente de un tema que al titular del Senado le preocupa especialmente desde que Kirchner lo impuso como postulante a la gobernación: el déficit de la provincia de Buenos Aires.
Por ese motivo el vicepresidente tiene un equipo de economistas y contadores trabajando con hombres de la administración de Felipe Solá, para identificar las debilidades de la distribución presupuestaria bonaerense.
Según un funcionario que está participando de esta tarea, el déficit previsto para este año excede largamente los 1.600 millones de pesos que figuran en el presupuesto y podría extenderse hasta los 3.000 millones de pesos.
"Por los números que estamos viendo, esto no se cubre ni con una mayor recaudación impositiva, ni con la emisión de bonos. Acá hay un solo camino posible si se quieren ordenar las cuentas: evitar todas las filtraciones que tiene el sistema de distribución de fondos de la provincia. Con sólo mirar las cuentas del Bapro uno puede tener una idea de la magnitud del problema".
El diagnóstico pertenece a un hombre de confianza de Scioli. El dilema reside en que lograr ese objetivo implicaría enfrentar a distintos sectores políticos, sindicales y piqueteros que hoy se están encolumnando detrás de la postulación del vicepresidente, y que directa o indirectamente se benefician del desorden administrativo que reina a distintos niveles.
Scioli no dirá nada de esto en la campaña. Desde el punto de vista discursivo el eje va a ser "producción e inversiones, tanto nacionales como internacionales", adelanta un vocero.
El planteo optimista que tan bien le calza al vicepresidente apuntará a demostrar que la provincia de Buenos Aires puede generar mayores oportunidades de negocios, que terminarán mejorando la economía provincial. Para ello confían en la buena llegada del candidato con sectores empresariales de distintas latitudes y su habilidad para la diplomacia comercial.
Pero este camino puede demandar tiempos generosos, que no siempre coinciden con las necesidades políticas. Por eso en el entorno del vicepresidente también admiten que "será crucial mantener una buena relación con la Nación", porque como señalan, "a nadie le conviene que Buenos Aires entre en crisis".
Pero algunas luces de atención se encendieron esta semana. Y Scioli las observó con preocupación.