Cientos de platenses concurren al Observatorio donde disfrutan del espectáculo
La luna, en cuarto creciente o llena, en detalle, con sus cráteres y cadenas montañosas; la superficie del gigante Júpiter; cúmulos estelares o globulares. Todos esos paisajes que ofrece el cielo pueden apreciarse desde La Plata con sólo acercarse al Paseo del Bosque y sumarse a la fila de visitantes del Observatorio. La cita con el firmamento convoca a decenas de platenses, tantos que si la noche resulta favorable -despejada, libre de nubes- pueden llegar al centenar.
El público que asiste a las observaciones espontáneas -así llaman a las visitas del programa habitual del Observatorio para distinguirlas de aquellas convocatorias por fenómenos más particulares- es de los más variado. Muchas familias, matrimonios con hijos en edad escolar que se maravillan frente al espectáculo; aficionados a la astronomía y curiosos interesados en descubrir lo que a simple vista no se percibe acuden a la cita de los viernes y sábados a las 20 que, anunciaron ahora los responsables de la propuesta, desde octubre queda extendida a los domingos en ese mismo horario.
Ya entrar al antiguo salón del Observatorio, después de atravesar en una noche luminosa el frondoso parque aportado por el Paseo del Bosque y encontrarse con el Gran Ecuatorial -también llamado Gautier en homenaje al francés que lo fabricó hace más de cien años- impacta. El telescopio refractor alcanza la altura de la gran cúpula que caracteriza al Paseo del Bosque. Tras una charla introductoria y después de que los guías -la mayoría estudiantes avanzados de la facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP- anticipan qué objetos van observarse, se abre el cielorraso abovedado y uno a uno los visitantes van subiendo la escalera que los coloca frente a la lente de 43 centímetros de diámetro. Ahí nomás empiezan las exclamaciones y los comentarios de sorpresa y asombro.
Para Roberto Venero, licenciado en astronomía, secretario de Extensión de la facultad de Astronomía y Geofísica y un apasionado por el espacio y sus secretos es interesante cualquier objeto que se suspenda en el cielo. De todos modos, el científico tiene sus preferencias y coincide con muchos de sus colegas que la luna es uno de los principales objetivos a observar con el gran telescopio. Sugiere, en particular, la posición del satélite terrestre que lo muestra en cuarto creciente. "Es la fase más linda -dice- porque la mitad está iluminada y la otra mitad a la sombra, lo que permite ver en detalle el suelo lunar, los bordes de los cráteres y las cadenas montañosas. La luna llena no es tan interesante porque brilla mucho y se pierde la visión del relieve".
Una vez que los visitantes descubren la luna la lente se direcciona hacia otro lugar del renegrido espacio y aparecen los planetas que están en posición de ser vistos desde la Tierra. En estos días, aunque no tiene luz propia, la "gran estrella" es Júpiter, el más grande de los astros del sistema solar, que se muestra en sus últimas etapas. Para los próximos meses se espera la aparición -y con muy buenas panorámicas- del anillado Saturno y el rojizo Marte. "Y con un poco de esfuerzo y buena voluntad de los guías también se podrá ver a Urano y Neptuno", informó Venero. Los que definitivamente no son visibles siquiera con el imponente telescopio son Venus y Mercurio porque su cercanía con el sol no lo permite.
LAS ESTRELLAS
Pero el show de luces y sombras no termina ahí. Además de la luna y algunos planetas se pueden apreciar cúmulos de centenares de estrellas relacionadas gravitacionalmente entre sí. Una de las que más se destaca en esos grupos es la que los astrónomos llaman "Cajita de joyas", en el que se distinguen diferentes colores, desde el rojo hasta el azul.
Otro atractivo son los cúmulos globulares: estrellas gigantes -que llegan al millón- y en este caso el que sobresale entre todos es "Omega Centauri", que es el más grande que se conoce, según precisó Venero, y que, por ese motivo alguna vez se llegó a pensar que podía constituir una pequeña galaxia.
Para ver las constelaciones el cielo tiene que estar muy despejado y en ese caso, después de la observación con el Gran Ecuatorial, los guías conducen a los visitantes al parque del Observatorio y señalan con un puntero láser las más conocidas.
Como en el espacio nada es fijo, aunque se haya asistido una o más veces el Observatorio, cada nueva visita ofrece un espectáculo con novedades. "Todo cambia en forma permanente -explica el investigador-. Los planetas cambian de posición todo el tiempo. Cada tres meses el cielo se renueva, ofrece otra cosa. Por eso es interesante venir con alguna frecuencia".