Cuesta encontrar propiedades y para los estudiantes que llegan a La Plata es un gran problema
Elegí esta ciudad por el prestigio de la Universidad Nacional, la infraestructura de salud y lo que me contaron de la movida joven, intensa a pesar de que no es tan grande como Buenos Aires o Rosario. Lo que no me imaginé fue que no iba a encontrar dónde vivir... Estoy recorriendo todos los rincones para ver cómo consigo algo porque está imposible". El relato de Pablo Seguel, que llegó a las diagonales desde la región chilena de Chillán para estudiar medicina, pone en foco un problema que se acentúa: la escasez de plazas en el mercado de alquileres. A pesar del muy mentado auge de la construcción, las unidades habitacionales que se suman al entorno urbano no alcanzan para satisfacer una demanda fuerte y en constante ascenso.Un 'dúplex' de tres ambientes, que hace dos años podía alquilarse en la zona de plaza Malvinas por alrededor de $700, hoy cuesta un poco más pero en 17 y 70
Caras y pocas. Así son las viviendas para alquilar en La Plata, se trate de casas o departamentos. Y son un dolor de cabeza no sólo para los futuros universitarios. Las familias viven el mismo peregrinaje, que no siempre tiene final feliz. Un "dúplex" de tres ambientes, que hace dos años podía alquilarse en la zona de plaza Malvinas por alrededor de $700, hoy cuesta un poco más -o con suerte, lo mismo-, pero en 17 y 70. Es sólo un ejemplo: según los operadores inmobiliarios locales, un monoambiente céntrico no baja de $500, y un departamento para familia "tipo", con dos dormitorios, arranca desde los $700.
No son pocos los inquilinos que aseguran que en este contexto, quienes alquilan -propietarios e inmobiliarias- apuntan su estrategia a minimizar riesgos y subir ganancias. "Más allá de los aumentos, los requisitos para renovar hacen que resulte casi imposible" cuenta Grisel Tacconi, desde el departamento que alquila en la zona de Meridiano V, muy cerca del límite sudeste del casco urbano: "ya es bastante difícil conseguir una garantía -porque cada vez es más complicado encontrar un propietario- como para que pidan recibos de sueldo que tripliquen el valor del alquiler. Casi nadie gana más de dos mil pesos".
"La disponibilidad de plazas es muy escasa y realmente no se notan efectos en el mercado inmobiliario del evidente auge en la construcción" admite Juan Carlos Arano, de Integral: "al mismo tiempo, la demanda es constante, siempre por encima de la oferta. Esto empuja hacia arriba los precios, y se refleja en las exigencias; quien alquila por $800 quiere tener certezas acerca de la capacidad de pago del locatario, obligado entonces a exhibir recibos de sueldo por $2500 -algo que no está al alcance de todos, desde ya-".
Una visión que comparte Gustavo Víctor Miloslavsky, secretario general del Colegio de Martilleros local: "las unidades que se han sumado a partir de los nuevos edificios son en amplia mayoría departamentos de un dormitorio. Esto alivia un poco a cierto perfil de estudiante -que no es el que comparte vivienda y gastos, y a las parejas de recién casados o sin hijos. Pero las familias la tienen muy complicada: encontrar hoy algo de dos dormitorios insume días de trabajo de hormiga; y si hace dos años el piso era $450, ahora subió a $750. Aún con un 40 a 60 por ciento de aumento, hay lista de espera entre los interesados. Y esto en departamentos, porque en casas la oferta es prácticamente nula; quienes tienen propiedad prefieren intentar venderlas para que allí se construyan edificios, y quedarse con las llaves de un par de departamentos cero kilómetro".
"El `boom' de los edificios tiene pros y contras" sentencia Miloslavsky: "desde el municipio se pensó mucho en las zonificaciones y las alturas, pero no se previó qué clase de edificios necesitaba la ciudad ni hubo un criterio de equilibrio. Hoy la calidad de construcción en general es muy baja, con materiales, diseño y terminación pobrísimos y unidades habitacionales pequeñas -lo que algunos llaman 'palomares'-. Esto no sólo es un problema estético, desde ya; en diez años las expensas y el mantenimiento de esas construcciones van a ser altísimos y el colapso de los servicios por la densidad de población está dando señales. Es que al inversionista lo seducen con hacer ocho departamentos en un año y dos meses, cuando a un constructor serio le tomaría dos años hacer un trabajo digno".
En ese sentido, Dolores Otero Rossi cree que "existe algo más de oferta que en años anteriores, pero centrada en los departamentos más chicos. Además, los dueños se han vuelto más selectivos a la hora de elegir garantes, y se percibe cierta tendencia a evitar a los universitarios. Hay avidez por alquilar, y lo que aparece en plaza se cubre enseguida. Es imposible conseguir un monoambiente en el centro o semicentro por menos de 500 pesos; siempre hablando de departamentos, con un dormitorio se pueden hallar, pero en el rango de los $600 como mínimo; y con dos, alrededor de los $750. Una casa de esas características, si se consigue, no baja de 900 pesos".