Por Luis Laugé
Por Luis Laugé
De la Redacción de LA NACION
La presencia de Armando Cavalieri en la Casa de Gobierno fue un volver a vivir. Acostumbrado a tutearse con el poder y ejercer una influencia decisiva desde la poderosa Federación de Empleados de Comercio, que condujo también en los pasados gobiernos de Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde, entró en un cono de sombras desde que el presidente Néstor Kirchner privilegió al secretario general de la CGT, el camionero Hugo Moyano.
Pero la visita hasta ahora prohibida de uno de los representantes de "los Gordos" (grandes sindicatos), como fue en este caso Cavalieri, podría cambiar el eje de la relación del Gobierno con el gremialismo.
La aversión "ideológica" que mantiene Kirchner con este sector, al que acusa de haber sido "menemista", podría quedar de lado ante la muestra de "fidelidad" que evidencian estos gremios al acordar aumentos salariales que "no disparen la inflación", como quieren en la Casa Rosada.
No fue por casualidad que Cavalieri no desperdiciara la tribuna que le dieron ayer en la Casa Rosada al lado del ministro de Trabajo, Carlos Tomada, para destacar "el diálogo por encima de cualquier diferencia", que se llegó al acuerdo salarial "sin medidas de fuerza" y que resignó parte del aumento que pretendía el gremio para "apoyar el crecimiento económico" del Gobierno.
Durante más de diez años, "los Gordos" condujeron la CGT bajo el mando real de Cavalieri, Oscar Lescano (Luz y Fuerza) y Carlos West Ocampo (Sanidad), y con Rodolfo Daer (alimentación) como emisario y secretario general de la central.
No son pocos los hombres del Gobierno que aconsejan a Kirchner (en la medida en que pueden) para que empiece a darles juego a "los Gordos" para equilibrar el poder de Moyano, que aunque se sometió dos semanas atrás al acuerdo salarial del 19 por ciento (muy poco por encima de lo que quería el Gobierno), realizó nuevas medidas de protesta en plena negociación con los empresarios del transporte. Cuando ello ocurrió, por lo menos un funcionario alertó al Presidente de que Moyano era "un aliado incontrolable".
A fines del año pasado, el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, fue el gestor de una entrevista de Kirchner con Lescano, pero el encuentro se frustró a último momento.
Hasta ahora, la decisión de Kirchner de bendecir a Moyano tuvo entre otros motivos el de su propia supervivencia, que llevó a evitar que el Gobierno se enfrentara con el camionero; con un temerario poder de fuego -como dicen en el entorno presidencial-, que le permite bloquear centros de distribución y generar un caos total en un segundo en caso de decidir una protesta que deje sin recolección de residuos a una ciudad.
A cambio de que Moyano enfrente a los empresarios pero no al Gobierno es que recibe muchas concesiones desde la Casa Rosada. Por caso, se otorgaron subsidios a empresas de transportes a cambio de que afiliaran a sus trabajadores al gremio camionero, y Moyano tendrá participación en el ferrocarril Belgrano Cargas.