Kirchner quiere garantizar el mayor compromiso posible con la pelea nacional.
La elección presidencial será precedida por varios capítulos provinciales, pero esa lista será menos extensa de lo que se insinuaba hasta ahora. ¿El motivo? Sencillo: Néstor Kirchner dio claras señales —algunos las traducen como órdenes— para frenar la tendencia a desenganchar la pelea por las gobernaciones de la disputa nacional.
El gesto del Gobierno no expresó una decisión apuntada a darle racionalidad al calendario electoral, para evitar, entre otras cosas, que la sucesión de comicios fatigue a la sociedad. En rigor, se trata de un cálculo político tradicional sobre el compromiso de los dirigentes locales con la candidatura presidencial.
La idea es garantizar que la mayoría de los gobernadores alineados con el oficialismo —favorecidos por los actos, obras y anuncios que concretan el apoyo desde la Casa Rosada— inviertan el mismo entusiasmo en la campaña por las listas propias y por la fórmula nacional. De lo contrario, habría que duplicar esfuerzos de todas las naturalezas
Hay cuatro casos en que normas constitucionales o leyes locales imponen ir a las urnas antes de octubre del año que viene: Capital, con un panorama de candidaturas incierto; Tucumán, donde José Alperovich se encamina a la reelección; Chaco, él único de los seis distritos con gobierno de la UCR que rechaza el acuerdo con Kirchner y corre con ventaja, y Santa Fe, que encabeza la preocupación del oficialismo, porque allí afirma su candidatura el socialista Hermes Binner.
Como se ve, un conjunto que no aseguraría una seguidilla de triunfos oficialistas. Suficiente para que desde la Casa Rosada se alentara que alguna otra provincia, con dominio peronista, también apurara los tiempos. El objetivo fue claro: neutralizar el efecto negativo que podría tener una derrota provincial en plena campaña por la presidencia.
Ese guiño tuvo efecto práctico. Entre Ríos se anotó primera. Allí, el oficialismo no pudo avanzar con el proyecto para habilitar la reelección del gobernador Jorge Busti y resolvió la convocatoria para marzo. Se evaluó, al tomar la decisión, que el apuro podría complicar a la oposición en la tarea de armar sus candidaturas y delinear su campaña.
Pero, a contrapelo de los planes nacionales, empezó a extenderse la idea de que el cálculo local de los mandatarios era el único elemento determinante en la definición de la fecha de cada territorio. Hasta que llegó la señal del Presidente.
En el Gobierno consideran que puede haber comicios desdoblados en Catamarca y tal vez en Río Negro, pero evalúan que en las provincias gobernadas por el peronismo no habrá contratiempos de esa naturaleza.
El caso más delicado fue, se admite ahora, el que se planteó en Córdoba, en medio de una relación complicada entre José Manuel de la Sota y el Gobierno, a raíz de la pulseada por el candidato para la gobernación. De la Sota respalda a su vice, Juan Schiaretti, pero en la Casa Rosada dicen que no va bien en las encuestas y se inclinan, aún con algunos recelos, hacia el intendente Luis Juez, aunque manejan otras opciones.
Allí también se planteó la posibilidad de adelantar la competencia, con argumentos formales que remitían a la legislación provincial. Pero un análisis más detenido de esas normas y, sobre todo, las gestiones para desmontar el conflicto lograron por ahora frenar aquella alternativa.
Existe, además, un capítulo electoral previo y cercano. Se trata de Misiones, donde se elegirán convencionales para tratar la reforma de su Constitución. El kirchnerista Carlos Rovira quiere imponer la reelección sin límite de mandatos consecutivos y, como reacción ante su ofensiva, se armó allí un frente heterogéneo, político y social, que incluye entre sus referentes destacados al obispo Joaquín Piña.
El Gobierno sigue de cerca el intento de su aliado, a quien respalda, aunque con cautela. Algunos datos de recientes encuestas explican los cuidados actuales: Rovira cuenta con una fuerte consideración positiva, pero la reelección indefinida cosecha un rechazo muy extendido en la sociedad.
La evolución que marquen los sondeos determinará los próximos pasos, es decir, si se juega abiertamente para afirmar la campaña de Rovira y, después, si se empuja o no una lectura nacional de aquellos comicios. Misiones irá a las urnas a fines de octubre, justo un año antes de la elección presidencial.